Comentario del
partido:
Un campeón
con la enjundia del “chivo”
Liniers superó
a Bella Vista por 2 a 1 en los noventa minutos reglamentarios
y se quedó con el título de Campeón
liguista 2011, después de cuatro temporadas sin conseguirlo.
Matías Salgado, al inicio del partido, abrió
la cuenta para el elenco “gallego”. Julio Acosta,
en dos oportunidades en la etapa complementaria, le dio
el triunfo a los dirigidos por Néstor Comino, cuando
su equipo jugaba con dos menos desde los primeros 45 minutos
por expulsiones de Mauro Martínez y Patricio Arce.
Dirigió Sergio Testa.
Fue una final con todos los ingredientes.
Apasionante, con situaciones, con emociones, con resultado
incierto y con ciertos condimentos que hicieron que la consagración
de Liniers fuera increíble, casi heroica, una verdadera
epopeya.
El partido y Bella Vista comenzaron con todo. Casi no se
habían acomodado en la cancha, cuando llegó
la primera emoción de la noche a los tres minutos
de juego. Juan Enrique Gutiérrez, muy activo en los
primeros 45 minutos, metió una gran asistencia desde
la mitad de la cancha, a espaldas de los centrales de Liniers,
para dejara al hábil Matías Salgado cara a
cara con Partal. El “diez” gallego se abrió
hacia su derecha, sorteó al golero de Liniers, se
sacó de encima la marca de Arce y con remate cruzado
definió con el arco a su disposición. Un gol
casi perfecto, por la justeza del pase de Kike Gutiérrez
y por la gran definición de Salgado. Había
transcurrido tan poco tiempo que no se podía hablar
de merecimientos.
De allí en mas, los conducidos por Daniel Prat, comenzaron
a justificar esa tempranera ventaja parcial. Eran más
armónicos, su juego mas asociado, llegaban al área
rival mas armados, con mayor justeza y mas precisión
que su rival.
Lo de Liniers era mas apático, con menos ideas, pero
generando peligro con alguna que otra pelota aérea
y por la siempre amenazante presencia de Julio Acosta.
En llegadas a los marcos estuvieron repartidos. Rosas asistió
a Gutiérrez por izquierda y el Kike sacudió
un zapatazo cruzado que se fue cerca del parante izquierdo,
superando la volada de Partal. Un centro desde la derecha
de Salgado, superó a Troncoso y dejó solito
a Marco Rosas, que le pegó de sobrepique y a las
manos de Partal.
En el arco de enfrente, Mc Coubrey se la bajó a Acosta,
quien ingresando en diagonal por izquierda motivó
una estupenda tapada de Stefanof, en la chance mas clara
de la etapa inicial. Un centro de Salas por derecha no pudo
ser alcanzado por Acosta, Mc Cubrey cabeceó desviado
un centro de Rosell desde la izquierda y un tiro de esquina
de Rosell fue cabeceado por Julio Acosta, provocando un
despeje providencial y de cabeza de un defensor albiverde
parado casi sobre la línea.
En juego, mas atildado lo de Bella Vista que mantenía
la ventaja, en situaciones, muy repartidos, dejando abierta
la puerta para la etapa complementaria.
Claro, que en el complemento, serían nueve contra
once, porque primero Mauro Martínez cometió
una mano en mitad de cancha, se ganó la segunda amarilla
y dejó al equipo con diez. Antes del cierre del parcial,
Patricio Arce se ganó una amarilla, se excedió
verbalmente y Testa le mostró la roja.
Comino sacó a Rosell y mandó a la cancha a
Podlesch para rearmar la defensa y con línea de tres
aguantar atrás y tratar de generar adelante.
Parecía que en los segundos 45 minutos, un gol abajo
y dos jugadores menos, sería una carga muy difícil
de sobrellevar para los “chivos”.
Pero el fútbol es fútbol y todo es imprevisible.
Liniers con nueve fue más que con once. Ganó
en concentración, en trajín, en despliegue
y suplió con eso los dos hombres que le faltaban.
Mucho más, después que al minuto de comenzado
el juego, Mc Coubrey le pusiera una genial asistencia por
arriba a Julio Acosta, quien cara a cara con Stefanof, definió
magistralmente por encima del cuerpo del golero estampando
la paridad.
El gol fue un golpe durísimo para los de Prat, que
creían casi definida la cosa.
Los de Comino, expulsado en el primer tiempo, ganaron en
motivación y confianza y entendieron que la hazaña
era posible.
Los dos arriesgaron con los cambios. Comino mandó
al campo la genial Bouzat, quitando un volante de marca,
mientras que Prat quitó un defensor (comenzó
a defender con tres) y colocó un volante, Ianni.
El recién ingresado Ianni lo perdió por centímetros
sobre el palo izquierdo, Mc Coubrey peinó apenas
arriba un tiro libre de Dietrich y Gutiérrez remató
de media distancia apenas arriba.
Los dos hombres de menos no se notaban. El desarrollo era
parejo, y los dos contaban con chances. La monumental gestión
de Gabriel Dietrich y su enorme despliegue, emparejaba la
cosa.
Hasta que a los 32 minutos ocurrió lo imprevisto.
El que jugaba con desventaja, pasó a ganar el partido.
El “Chiqui” Bouzat (muy pedido por la gente)
metió una asistencia mágica para Julio Acosta
y el “gran” Acosta hizo el resto. Acosado por
la marca de Wilson y en posición incómoda,
remató al arco y el balón ingresó junto
al palo izquierdo, ante la atónita mirada de Stefanof.
Liniers, que perdía desde el comienzo y que jugaba
con dos hombres menos estaba arriba en el marcador y comenzaba
a manejar estratégica y psicológicamente el
partido.
Fue mas astuto, mas inteligente y regó con mayor
fervor el césped del Carminatti.
Prat mandó a Schwab como el salvador y Comino hizo
ingresar a Agustín Franco para rearmar una línea
de cuatro y esperar el final.
De allí en mas lo de Liniers fue ordenado y Bella
Vista poco pudo inquietar a un Partal que respondió
siempre muy seguro, de arriba y de abajo.
Solo un remate de Rosas que se fue cerca y un centro de
Salgado que peinó Ribes y que dio en la parte superior
del travesaño.
Poco, muy poco para vulnerar a un Liniers, disminuido en
lo numérico, pero agrandado en lo anímico
por un triunfo casi increíble.
El silbato del muy eficiente Testa sorprendió a los
de Prat intentando sin saber como y a los de Comino despejando
cada balón que caía cerca del arco de Partal.
El final mostró las dos caras de una final. De un
lado el llanto desconsolado de los jugadores albiverdes
y el silencio de una tribuna, que buscaba explicaciones
a un cotejo que tenía casi ganado y que se le escapó.
Enfrente, era todo alegría, con los jugadores “chivos”
con sus cuerpos semidesnudos entregando su euforia a una
tribuna que hablaba de “huevo”, garra y corazón
y coreaba el nombre del “gran” Julio Acosta.
Fue una gran final, con dos equipos que entregaron todo
y que ganó el más inteligente y el que contó
con las individualidades más desequilibrantes. Una
digna final y un legítimo Campeón.
El Podio:
1 – Julio Acosta: el hombre del partido.
Solo jugadores como él pueden ganar un partido como
el que ganó Liniers. Tuvo la más clara del
primer tiempo y se la tapó Stefanof. En el complemento
no perdonó con dos soberbias definiciones. Primero
por arriba del golero y después con justeza y acosado
por la marca. Con el olfato de los grandes goleadores, con
la clase de los grandes jugadores. Un maestro. Vayan preparando
el monumento en la Avenida para el “gran” Julio
Acosta.
2 – Gabriel Dietrich: monumental tarea del
“cinco”. Corrió, quitó, jugó,
regó el césped del Carminatti con su sudor.
Un trabajo para el elogio. Se cargó el equipo al
hombro, cuando su equipo más lo necesitaba. Solidario
y voluntarioso. Jugó los noventa minutos al mismo
nivel. Con su notable gestión suplió los dos
hombres de menos que tuvieron los “chivos” durante
todo el segundo tiempo. Para aplaudir.
3 - Matías Salgado: el más claro
de Bella Vista. Definió muy bien la ventaja del equipo
de Prat apenas comenzado el partido. De sus pies partieron
los balones más claros del elenco “gallego”.
Gutiérrez fue su socio en los primero 45 minutos.
Después careció de interlocutores válidos
para hacer efectivo su juego.
El Arbitro:
Sergio Testa: tuvo la jerarquía que requiere una
final. Manejó el partido con la decisión y
autoridad que un partido como estos manda. No le tembló
la mano en las expulsiones y no se dejó llevar por
los reclamos. Adicionó lo que correspondía.
Cerró un gran año en lo personal. Hizo buena
gala de su condición de flamante árbitro nacional.
Jorge
Souvillé
Fútbol de Liga